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Los tumores cerebrales pueden producir síntomas muy diferentes dependiendo de su tamaño y, especialmente, de la región del cerebro donde se encuentran. Dolores de cabeza progresivos, convulsiones, cambios en la visión, pérdida de fuerza, alteraciones del lenguaje o problemas de equilibrio son algunas manifestaciones que pueden requerir una valoración neurológica especializada.
Un tumor cerebral es un crecimiento anormal de células localizado dentro del cráneo. Existen numerosos tipos y no todos son cáncer.
Algunos se originan directamente en el cerebro o sus estructuras vecinas y se conocen como tumores primarios. Otros aparecen cuando un cáncer localizado en otra parte del organismo se disemina hacia el cerebro y se denominan metástasis cerebrales.
Además, existen tumores de crecimiento lento y otros de comportamiento más agresivo. Incluso una lesión histológicamente benigna puede ocasionar problemas importantes cuando comprime estructuras cerebrales o se encuentra cerca de regiones responsables del movimiento, lenguaje, visión u otras funciones.
Por ello, la importancia de un tumor cerebral no puede determinarse únicamente por su tamaño.

No existe un síntoma único que permita diagnosticar un tumor cerebral. Las manifestaciones dependen principalmente de dónde se encuentra el tumor, qué función realiza esa región cerebral y cuál es el tamaño de la lesión.
Los síntomas de los tumores cerebrales pueden ser muy diferentes entre una persona y otra. El cerebro controla funciones específicas en diferentes regiones, por lo que la localización del tumor suele ser tan importante como su tamaño.
Un síntoma aislado rara vez permite establecer un diagnóstico. Lo que resulta especialmente importante es reconocer cambios neurológicos nuevos, persistentes o progresivos y determinar si existe un patrón que justifique realizar estudios de imagen.
Algunos de los síntomas que pueden aparecer son:
El dolor de cabeza puede presentarse cuando un tumor produce presión o irritación de estructuras sensibles dentro del cráneo. Puede ser persistente, aumentar progresivamente de intensidad o presentar un patrón diferente al habitual.
En algunos pacientes puede acompañarse de náuseas, vómitos, visión borrosa o somnolencia, especialmente cuando existe aumento de la presión intracraneal. Sin embargo, tener dolor de cabeza por sí solo no significa tener un tumor cerebral.
Una convulsión de reciente aparición puede ser una de las primeras manifestaciones de algunos tumores cerebrales, especialmente cuando la lesión se encuentra cerca de la corteza cerebral.
Las crisis no siempre producen pérdida completa del conocimiento o movimientos de todo el cuerpo. Algunas pueden manifestarse como movimientos involuntarios de una extremidad, sensaciones anormales, dificultad transitoria para hablar, episodios de desconexión o alteraciones visuales.
Dependiendo de la región afectada, un tumor cerebral puede producir visión doble, visión borrosa, pérdida de una parte del campo visual o alteraciones en los movimientos de los ojos.
En ocasiones la persona puede no reconocer inicialmente una pérdida del campo visual y comenzar a golpearse con objetos, tener dificultades al conducir o dejar de percibir elementos situados hacia uno de los lados.
Algunos tumores pueden producir cambios progresivos en memoria, concentración, capacidad para organizar actividades, iniciativa o comportamiento, especialmente cuando afectan determinadas regiones de los lóbulos frontal o temporal.
Estas manifestaciones son inespecíficas y existen muchas causas más frecuentes que un tumor cerebral. Sin embargo, cuando aparecen de manera progresiva y se acompañan de otros síntomas neurológicos deben investigarse.
Un tumor localizado cerca de las regiones que controlan el movimiento puede ocasionar debilidad o torpeza progresiva de una mano, brazo, pierna o de un lado completo del cuerpo.
También pueden aparecer alteraciones de la sensibilidad como adormecimiento, hormigueo o dificultad para reconocer determinados estímulos. Cuando estos síntomas aparecen de manera nueva o progresiva requieren una valoración neurológica.
Los tumores localizados cerca de las áreas relacionadas con el lenguaje pueden ocasionar dificultad para encontrar palabras, expresarse correctamente, comprender lo que otras personas dicen, leer o escribir.
Algunas alteraciones pueden comenzar de manera discreta, por ejemplo utilizando palabras incorrectas o necesitando más tiempo para expresarse. Su significado depende de la localización de la lesión y de otros síntomas asociados.
Las lesiones que afectan el cerebelo, sus conexiones u otras regiones relacionadas con el control del movimiento pueden producir inestabilidad, dificultad para caminar, pérdida de coordinación o movimientos poco precisos.
Algunas personas pueden notar que caminan con mayor separación de los pies, se desvían hacia un lado, presentan caídas inexplicables o tienen dificultad para realizar movimientos que anteriormente hacían con normalidad.
Las náuseas y vómitos recurrentes pueden aparecer cuando un tumor provoca aumento de la presión dentro del cráneo o dificulta la circulación normal del líquido cefalorraquídeo.
En casos más avanzados también pueden presentarse somnolencia, disminución del estado de alerta o deterioro neurológico. Cuando estos síntomas aparecen asociados con dolor de cabeza intenso, alteraciones visuales u otros signos neurológicos requieren una valoración médica oportuna.
Tener dolor de cabeza, mareo o problemas de concentración no significa tener un tumor cerebral. Estos síntomas son frecuentes y pueden tener muchas otras causas.
Lo que merece mayor atención es la aparición de un síntoma neurológico nuevo, persistente o progresivo, especialmente cuando diferentes manifestaciones aparecen juntas.
Algunas señales que justifican valoración son:
-Una primera convulsion
-Pérdida progresiva de fuerza.
-Alteraciones nuevas del lenguaje.
-Cambios persistentes de la visión.
-Dificultad progresiva para caminar o mantener el equilibrio.
-Dolor de cabeza que cambia claramente de patrón o empeora progresivamente.
-Vómitos recurrentes asociados con síntomas neurológicos.
-Cambios cognitivos acompañados de otros signos neurológicos.
La exploración neurológica permite identificar si existe un patrón que sugiera afectación de una región específica del cerebro y determinar si es necesario realizar estudios de imagen.
El primer paso es una historia clínica y exploración neurológica completas.
Cuando existe sospecha de una lesión cerebral, la resonancia magnética cerebral con contraste es generalmente el estudio de imagen fundamental para caracterizar su localización, tamaño y relación con estructuras vecinas.
Dependiendo de las características de la lesión pueden utilizarse secuencias adicionales de resonancia y otros estudios para obtener mayor información antes de decidir el tratamiento.
Sin embargo, la imagen puede sugerir determinados diagnósticos, pero en muchos tumores el diagnóstico definitivo requiere analizar tejido obtenido mediante biopsia o cirugía. Actualmente, para numerosos tumores cerebrales también son fundamentales sus características moleculares, que complementan el diagnóstico histológico y pueden influir en el pronóstico y tratamiento.

El primer paso no es decidir inmediatamente una cirugía.
Es necesario determinar qué tipo de lesión parece ser, dónde se encuentra, qué estructuras desplaza o infiltra, si está produciendo síntomas y qué relación tiene con las áreas funcionales del cerebro.
Durante la valoración reviso directamente las imágenes completas de resonancia o tomografía y no solamente el reporte escrito. La correlación entre las imágenes, los síntomas y la exploración neurológica permite establecer cuáles deben ser los siguientes pasos.
Dependiendo del caso, puede ser necesario complementar los estudios, mantener vigilancia, realizar una biopsia o planear una resección quirúrgica.

No.
La presencia de un tumor cerebral no constituye automáticamente una indicación quirúrgica.
Algunos tumores pequeños, de apariencia favorable, asintomáticos y sin crecimiento demostrado pueden mantenerse bajo vigilancia mediante resonancias periódicas.
En otros casos puede ser necesario obtener únicamente una muestra mediante biopsia para establecer el diagnóstico antes de decidir el tratamiento.
La cirugía adquiere mayor importancia cuando es necesaria para obtener diagnóstico, aliviar compresión, controlar síntomas o retirar una lesión cuando el beneficio esperado supera los riesgos.
El tipo de tumor también modifica completamente la estrategia. El tratamiento moderno de los tumores cerebrales puede combinar cirugía, radioterapia, tratamiento sistémico y seguimiento, y las decisiones idealmente forman parte de un manejo multidisciplinario
No todos los tumores cerebrales necesitan cirugía. La decisión depende de varios factores: qué tipo de tumor parece ser, dónde se encuentra, si está creciendo, qué síntomas está produciendo y qué estructuras del cerebro se encuentran cerca.
Además, operar no siempre significa intentar retirar todo el tumor. Dependiendo de cada caso, la cirugía puede tener distintos objetivos: conocer exactamente qué tipo de lesión es, disminuir la presión sobre el cerebro, mejorar determinados síntomas o retirar la mayor cantidad de tumor que sea posible de forma segura.
En ocasiones, la resonancia permite sospechar qué tipo de tumor existe, pero no es suficiente para saberlo con certeza.
En estos casos puede ser necesario obtener una pequeña muestra del tumor para analizarla. Conocer exactamente qué tipo de lesión es permite decidir si necesita cirugía, vigilancia u otros tratamientos.
Algunos tumores pueden crecer y comenzar a comprimir el cerebro o las estructuras que se encuentran alrededor.
Esto puede provocar dolor de cabeza, vómitos, somnolencia, problemas de visión, pérdida de fuerza u otros síntomas neurológicos.
En estos casos, retirar una parte o la totalidad del tumor puede ayudar a disminuir la presión y liberar las estructuras que están siendo comprimidas.
Dependiendo de su localización, un tumor puede producir pérdida de fuerza, alteraciones del lenguaje, problemas de visión, convulsiones, dificultad para caminar u otros cambios neurológicos.
Cuando los síntomas están relacionados con la presencia del tumor, la cirugía puede formar parte del tratamiento para intentar controlarlos y, especialmente, evitar que continúe el deterioro neurológico.
La posibilidad de recuperación depende de cada caso y del tiempo que lleven presentes los síntomas.
Cuando la localización lo permite, el objetivo puede ser retirar la mayor cantidad posible del tumor sin producir un daño neurológico innecesario.
Sin embargo, retirar el 100 % no siempre es lo más conveniente. Algunos tumores se encuentran muy cerca de regiones que controlan el movimiento, el lenguaje, la visión u otras funciones importantes.
En estos casos, puede ser más seguro dejar una pequeña parte del tumor y complementar posteriormente el tratamiento si es necesario.
Algunos tumores pequeños y sin síntomas pueden simplemente vigilarse mediante resonancias periódicas.
Estas resonancias permiten comparar el tamaño de la lesión a lo largo del tiempo. Si permanece estable, en determinados casos puede continuarse la vigilancia.
Si se demuestra que el tumor está creciendo, aparecen síntomas o comienza a comprimir estructuras importantes, puede ser necesario reconsiderar el tratamiento y valorar una cirugía.
El objetivo de una cirugía de tumor cerebral no consiste simplemente en retirar la mayor cantidad posible de tejido.
Una lesión puede encontrarse cerca de regiones responsables del movimiento, sensibilidad, lenguaje, visión u otras funciones esenciales. Por ello, la planificación busca obtener la máxima resección que pueda realizarse de manera segura, preservando la función neurológica.
Para conseguirlo utilizo diferentes tecnologías que permiten planear el abordaje, localizar el tumor durante la cirugía, identificar estructuras funcionales y realizar una resección más controlada.
La tecnología no sustituye la experiencia quirúrgica, pero puede proporcionar información adicional durante cada etapa del procedimiento.

Una cirugía cerebral puede generar muchas dudas y preocupación, tanto para el paciente como para su familia. Por eso, cuando una cirugía es necesaria, cada detalle se planea cuidadosamente antes de entrar al quirófano.
Dependiendo de las características y localización del tumor, utilizamos tecnología especializada que nos ayuda a orientarnos durante la cirugía, identificar áreas importantes del cerebro, vigilar su funcionamiento y retirar el tumor de una manera más controlada.
No todos los pacientes necesitan las mismas herramientas. Seleccionamos las que pueden aportar mayor seguridad y precisión en cada caso, buscando siempre un mismo objetivo: tratar el tumor cuidando al máximo las funciones neurológicas del paciente.
Antes de la cirugía estudiamos detalladamente la resonancia y planeamos la mejor forma de llegar al tumor. Durante el procedimiento, el neuronavegador nos permite orientarnos utilizando las propias imágenes del paciente, de una manera similar a un sistema de navegación.
Esto nos ayuda a conocer con mayor precisión dónde se encuentra la lesión y a planear un acceso dirigido, procurando respetar las estructuras que se encuentran alrededor.

Cada región del cerebro tiene funciones diferentes y, en algunos tumores, saber dónde termina la lesión no es suficiente: también necesitamos saber qué funciones importantes existen cerca de ella.
Cuando es necesario, utilizamos técnicas de estimulación y mapeo que nos ayudan a identificar y proteger áreas relacionadas con funciones como el movimiento.
De esta manera, las decisiones durante la cirugía no dependen únicamente de lo que podemos ver, sino también de información sobre cómo está funcionando el cerebro.

Mientras realizamos determinadas cirugías podemos vigilar continuamente algunas funciones del sistema nervioso mediante neuromonitoreo.
Esto nos proporciona información durante el procedimiento y puede advertirnos de cambios mientras trabajamos cerca de estructuras importantes.
Para el paciente y su familia significa que, además del equipo quirúrgico, contamos con una herramienta adicional enfocada en vigilar y proteger la función neurológica durante la cirugía.

Algunos tumores pueden retirarse utilizando un aspirador ultrasónico, una tecnología diseñada específicamente para trabajar sobre determinados tejidos durante una cirugía.
Nos permite ir reduciendo el volumen del tumor de manera progresiva y controlada, algo especialmente útil cuando necesitamos trabajar cuidadosamente alrededor de estructuras delicadas.
Su uso se decide según las características de cada tumor y forma parte de las diferentes herramientas que podemos utilizar para realizar una cirugía más precisa y adaptada a cada paciente.

Entiendo que escuchar las palabras “tumor cerebral” o “cirugía cerebral” puede generar miedo e incertidumbre. Por eso, una parte fundamental del proceso es que el paciente y su familia comprendan qué encontramos, qué queremos conseguir y cómo planeamos hacerlo.
Antes de una cirugía revisamos cuidadosamente los estudios, planeamos el abordaje y seleccionamos las tecnologías que pueden ayudarnos en ese caso particular. Durante el procedimiento utilizamos las herramientas necesarias para trabajar con precisión y cuidar las funciones neurológicas importantes.
Mi objetivo es que llegues al tratamiento entendiendo qué vamos a hacer y por qué, acompañado durante el proceso y sabiendo que la cirugía ha sido planeada específicamente para tu caso.

La tecnología nos ayuda a operar con precisión. La estrategia consiste en saber cómo utilizarla para cuidar a cada paciente.

La decisión de operar un tumor cerebral requiere analizar mucho más que su tamaño.
En consulta reviso personalmente las imágenes completas, evalúo la relación del tumor con estructuras funcionales y explico al paciente qué buscamos conseguir con una cirugía y cuáles son sus principales riesgos y alternativas.
Cuando el tratamiento quirúrgico está indicado, mi práctica integra técnicas de neurocirugía moderna y tecnología como neuronavegación, estimulación, neuromonitoreo intraoperatorio y aspiración ultrasónica, seleccionadas de acuerdo con las necesidades de cada caso.
El objetivo no es solamente retirar un tumor. Es hacerlo mediante una estrategia diseñada para conseguir el mejor equilibrio posible entre control de la lesión y preservación de la función neurológica.
El tratamiento de muchos tumores cerebrales requiere un equipo multidisciplinario.
Una vez obtenido el diagnóstico histológico y molecular, dependiendo del tipo de tumor pueden participar oncología, radio-oncología, neurología, neuropatología, neurorradiología y rehabilitación, además de neurocirugía.
Estos resultados permiten determinar si después de una cirugía es necesaria radioterapia, tratamiento sistémico, vigilancia mediante resonancias u otras estrategias.
El diagnóstico molecular tiene actualmente un papel fundamental en la clasificación de numerosos tumores del sistema nervioso central y puede aportar información diagnóstica, pronóstica y terapéutica
No. Existen tumores cerebrales benignos y malignos. Sin embargo, incluso una lesión benigna puede requerir tratamiento dependiendo de su tamaño, crecimiento, localización y síntomas.
No. El dolor de cabeza es extremadamente frecuente y tiene muchas causas diferentes. Se vuelve más importante estudiarlo cuando cambia progresivamente de patrón o aparece acompañado de convulsiones, pérdida de fuerza, alteraciones visuales, problemas de equilibrio u otros síntomas neurológicos.
No. Algunos pueden mantenerse bajo vigilancia, mientras que otros requieren biopsia o resección quirúrgica. La decisión depende del tipo de lesión, localización, síntomas, comportamiento y objetivos del tratamiento.
La resonancia puede orientar considerablemente el diagnóstico, pero en muchos tumores la clasificación definitiva requiere analizar tejido y, actualmente, realizar estudios histológicos y moleculares.
Algunos tumores localizados cerca de áreas funcionales pueden operarse, pero requieren una planificación particularmente cuidadosa. Dependiendo del caso pueden utilizarse neuronavegación, estimulación y neuromonitoreo para obtener información anatómica y funcional durante el procedimiento.
Es recomendable llevar las imágenes completas de resonancia o tomografía, preferentemente en formato digital, y no solamente el reporte. También son útiles estudios anteriores para poder comparar la evolución de la lesión.





